Bombardeo ruso destruye 25.000 vinilos históricos en Kiev: la trágica pérdida de un legendario coleccionista
El fuego consumió en pocos minutos cuatro décadas de memoria melómana en la capital ucraniana. El devastador ataque con misiles sobre el popular mercadillo de Pochaina, ubicado en Kiev, dejó reducido a escombros el emblemático puesto de Vadym Glynarskyy. Este comerciante de 73 años vio cómo su valiosa colección de 25.000 vinilos, miles de CD y cientos de cintas de casete quedaba sepultada bajo los restos del voraz incendio.
Caminar sobre el plástico achicharrado genera un crujido seco que retumba entre las paredes carbonizadas del recinto. Frente a los restos de su antiguo negocio, el coleccionista contempla el panorama desolador mientras camina entre objetos metálicos irreconocibles. Muestra los restos calcinados de lo que solía ser un altavoz, un tocadiscos, un amplificador y una mesa de mezclas. Al observar los escombros, comenta con profunda amargura sobre el desastre provocado por el ataque: “La guerra es un desastre”, deplora.
Además del valioso equipo de sonido, la explosión destruyó el esqueleto de una bicicleta histórica empleada en el Tour de Francia de 1978. Sin embargo, la pérdida más dolorosa para el melómano se encuentra en los álbumes inconseguibles que atesoraba con dedicación. Al levantar del suelo un pedazo de plástico derretido, Vadym recuerda con nostalgia la procedencia del material: “Mira, este era de Manhattan Transfer”.
Álbumes autografiados por leyendas de la música internacional
Antes de los bombardeos ocurridos durante el verano, el puesto de Vadym conservaba piezas de valor incalculable para la música global. Entre sus cajas guardaba ejemplares únicos firmados por artistas internacionales que marcaron a distintas generaciones. Al recordar las verdaderas joyas que atesoraba con orgullo hasta el ataque del 30 de julio, enumera con resignación las firmas perdidas: “Tenía vinilos firmados de The Doors, Led Zeppelin, Donna Summer, Toto Cutugno, Chicago, Spyro Gyra, Kool & the Gang, Diana Ross, Scorpions y otros”.
Su fascinación por la música comenzó cuando era apenas un niño de seis años. En 1959 escuchó por primera vez grabaciones occidentales traídas desde Estados Unidos. Más tarde, pasaba las noches escuchando transmisiones internacionales mediante un pequeño transistor Radiola. Captaba emisoras como la BBC, Voice of America y Radio Luxemburgo. Al recordar aquellas emisoras, rememora la emoción que sentía al escuchar esas frecuencias: “con buenas canciones que me volvían loco”. Para comprender las letras, aprovechó sus lecciones escolares: “En mi colegio dábamos inglés, así que iba entendiendo poco a poco”.
El primer gran hito de su colección personal ocurrió en 1971, cuando Duke Ellington actuó en la capital ucraniana durante su gira soviética. Vadym, con solo 18 años, logró acercarse al mítico músico tras el concierto. Sobre aquel encuentro inolvidable, relata la anécdota de cómo consiguió la codiciada firma: “Hablé con él en el Hotel Moscú. Me firmó el disco que yo traía y me regaló otro que también me firmó. A los pocos días los cambié por unos vaqueros Levi`s, que entonces en la Unión Soviética costaban mucho más que dos discos firmados”.
La vida en el mercado negro y la disidencia en la URSS
Durante la década de los setenta, Vadym trabajó en una célebre tienda de discos ubicada en la céntrica calle Khreshchatyk. Gracias al contacto permanente con estudiantes extranjeros, conseguía novedades musicales prohibidas para el público general. Sobre su posición privilegiada en la escena cultural de Kiev, asegura con firmeza: “Estaba al tanto de todo”.
En 1978 comenzó a trabajar como dj en la mítica discoteca Goldfish. El lugar se convirtió rápidamente en un espacio de libertad lleno de juventud. Al evocar el éxito rotundo del recinto, recuerda con ilusión el ambiente vibrante de la época: “La pista de baile se petaba”.
No obstante, las presiones políticas del régimen soviético forzaron el cierre del local dos años después. Las autoridades censuraron el espacio y señalaron a Vadym por sus ideas y su origen. Él mismo recuerda los reproches que le hacían los agentes: “Eres judío y cosmopolita”. Ante ese escenario de hostilidad, asume con naturalidad su posición en aquellos años: “La verdad es que de aquellas yo era un disidente”.
Tras quedarse sin empleo formal, se convirtió en un auténtico maestro de la fartsovka, el mercado negro soviético. Comerciaba con ropa, perfumes y bienes culturales de origen occidental. Años después, en 1986, logró viajar por primera vez al extranjero durante la Perestroika. Al describir el enorme contraste con la realidad soviética, destaca su viva impresión al llegar a la Alemania occidental: “Aquello era otro mundo, gente sonriente por la calle, posibilidad de comprar de todo y barato”, consigna El País.
Resistencia cultural frente a la destrucción en Ucrania
El mercadillo de Pochaina ha sido atacado tres veces en pocas semanas. Pese a la devastación, la actividad comercial se niega a desaparecer. Los comerciantes instalan cada fin de semana sus puestos a pie de calle entre ruinas y cenizas. Muy cerca del puesto improvisado de Vadym, el impacto de los misiles afectó también a almacenes editoriales y recintos culturales. Según los registros oficiales del Ministerio de Cultura de Ucrania, más de 2.000 enclaves del patrimonio cultural e instituciones artísticas han sido dañados o destruidos desde febrero de 2022.
A pesar de la constante amenaza militar y la pérdida irreparable de su tesoro musical, Vadym permanece al frente de su mesa de cámping ofreciendo los vinilos que le quedan. Su presencia diaria representa un símbolo de resistencia cultural frente a la barbarie de la guerra en Kiev.

