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De la transgresión de Tinto Brass al horror de «Cocaína Negra»: Provocación, erotismo y memoria en pantalla

La partida del cineasta italiano Tinto Brass a los 91 años reabrió el debate sobre la libertad artística. En su columna de Palabras sacan palabras, Patricia Rivera analizó su legado.

Tinto Brass: la vanguardia formal de un provocador incomprendido

Al iniciar el diálogo, la especialista afirmó que «Tinto Brass tiene mucho cuerpo», aludiendo a la potencia estética de su obra. Para comprender su trayectoria, resulta indispensable revisar sus orígenes. En este sentido, Rivera destacó la sólida formación del italiano.

Nuetra consigluiere de lo audiovisual recordó que el cineasta «viene de una formación muy clásica; fue formado en la Cinemateca Francesa bajo la tutela de gente como Alberto Cavalcanti y el gran documentalista Joris Ivens».

Por lo tanto, reducir su cine a la provocación simplifica una propuesta con búsqueda formal. Además, la especialista remarcó que el director unía la audacia visual con la técnica. De esta manera, Rivera afirmó que «es un cochinón con mucho lenguaje cinematográfico, que no es cualquier cosa», añadiendo que en sus inicios «editaba como Godard».

Asimismo, la panelista ubicó al realizador dentro del cine de posguerra. La experta explicó que «Tinto Brass y todos los cineastas italianos son un poco hijos de esa brutal imagen de los fellinianos». En consecuencia, sus primeros filmes buscaron romper moldes.

Desafío al poder y la batalla contra la censura

Durante los años 60 y 70, la cinematografía italiana vivió una revolución estética. Según analizó la especialista, en ese periodo «entra Pasolini y se cruza por ahí con sexo explícito, con desafiar el poder, con una manera de mirar a la clase obrera». De este modo, la exploración corporal fue un acto político.

Sin embargo, esta audacia le costó al director un enfrentamiento constante con la censura. Por esta razón, Rivera evocó la nostalgia de los videoclubes, recordando que «todos y todas en algún momento, por lo menos de nuestra generación que crecimos en los videoclubes de barrio, estaba ese sector un poco más oscuro».

En relación con sus encuadres, la especialista enfatizó su lenguaje visual. De esta forma, Rivera explicó que el objetivo del realizador era «deconstruir el cuerpo burgués, que el cuerpo se vuelve un territorio de conflicto de cómo lo miramos, cómo lo retratamos, cómo lo mostramos».

Por otro lado, la historia consagró al italiano con un récord singular. En este sentido, la especialista sostuvo que el cineasta «tiene el récord Guinness del director más censurado, porque de sus 30 películas, 29 pasaron por cortes y tijeretazos». El caso más célebre ocurrió en 1979 con Calígula. Sobre este hito, Rivera detalló que «Tinto Brass hace la película y ahí hubo problemas en el corte final, donde el señor Bob Guccione cortó la película y puso escenas explícitamente pornográficas».

«Cocaína Negra»: el oscuro retrato del químico de Pinochet

Tras revisar la trayectoria del italiano, la conversación giró hacia el cine chileno. En primer lugar, la crítica recomendó acudir al cine expresando: «Por favor, queridos roqueros y roqueras escuchas de Radio Futuro, vayan a ver esta oscura película sobre la cocina de la cocaína».

La cinta, dirigida por Cristóbal Valenzuela, aborda pasajes de la dictadura militar. Con relación al origen del proyecto, la periodista reveló que el cineasta «encuentra unas microcintas donde el químico de Pinochet, Eugenio Berríos, se grabó a sí mismo cocinando, haciendo experimentos, cobrando cheques, carreteando borracho. Tenía una obsesión con la posteridad».

Asimismo, la investigación evita la complacencia. En este punto, Patricia Rivera enfatizó que «esta película no está para redimir al personaje, sino que tiene la distancia de una investigación periodística que parte con una frase de Hannah Arendt sobre que el mal es horroroso y también puede ser cómico».

Entre lo ridículo y lo terrible: una dramaturgia del horror

Por otra parte, el aspecto formal del documental destaca por su puesta en escena. Para revivir los audios, el director utilizó actores reales. Al respecto, Rivera resaltó que «el documentalista Cristóbal toma estas cintas y hace que actores las reencarnen con el audio del pasado. Les da cuerpo y presencia», elogiando a Claudio Arredondo.

De igual forma, la narrativa logra equilibrar emociones contrapuestas. En este sentido, la especialista resumió el impacto del filme afirmando que la obra «construye la historia con esa dramaturgia de mezclas de emociones, donde pasamos de lo ridículo a lo terrible».

Para finalizar, la panelista remarcó la importancia de reflexionar sobre la memoria. Por lo tanto, concluyó advirtiendo en Palabras Sacan Palabras que «no nos olvidemos de lo grave que son los hechos que nos está contando», consolidando a Cocaína Negra como una obra imprescindible.

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